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LOS ALIMENTOS SON NUESTRA PRIMERA MEDICINA

Hoy todos sabemos que nuestra salud depende en gran medida de lo que comemos. O dicho de otra forma somos lo que comemos. Y sin embargo … El número de enfermedades relacionadas con la «mala» alimentación sigue aumentando a un ritmo alarmante. ¿Tan difícil es comer bien?

La obesidad, la diabetes, la hipertensión, el cáncer, las enfermedades cardiovasculares, el colesterol alto, todas estas enfermedades están relacionadas con nuestros hábitos alimenticios. En los últimos años, el incremento de estas patologías es tal que la OMS ha dado la voz de alarma. Para detener y reconducir, lo que se ha convertido en un problema de salud pública, es imprescindible cambiar la conducta alimentaria.

Como paso previo a cualquier cambio de comportamiento requiere primero un cambio de conciencia. En este caso, es darse cuenta de que en realidad construimos nuestra salud y calidad de vida con lo que está en nuestro plato. Desde nuestro nacimiento, todos los componentes útiles en la fabricación de nuestro cuerpo y su funcionamiento provienen de lo que comemos, bebemos y respiramos. Y a lo largo de nuestras vidas, la renovación periódica de las células de nuestro cuerpo se hace a través de nuestra alimentación. También es a través de ella que se adquieren el 80% de las sustancias tóxicas que almacena un ciudadano tipo.

Así que, somos lo que comemos!

Por lo tanto, si proporcionamos a nuestro cuerpo materias primas de baja o mala calidad y siempre comemos los mismos alimentos, hemos de esperar que nuestra salud se vea afectada y que suframos deficiencias. Esto es lo que le sucede a un número cada vez mayor de la gente. Por el contrario, podemos hacer de nuestra alimentación, nuestra primera medicina, como ya dijo Hipócrates, el padre de la medicina, cuatro siglos antes de nuestra era. ?Que tus alimentos sean tu medicina y la medicina tu alimento?

No obstante no se cambian 15, 25 o 40 años de hábitos de un día para otro. Los factores que influyen en la forma en la que comemos y bebemos son numerosos: nuestros deseos y necesidades personales, nuestra salud, nuestro entorno social, nuestra herencia genética – que nos hace preferir el dulce al amargo – nuestra cultura familiar o nuestra religión. También hay que dominar el estrés que interfiere con nuestras mejores intenciones. No hemos de olvidar el aspecto económico, ya que las buenas calorías tienen un coste; y por último el tiempo que requiere el aprendizaje, de una nueva dieta, de los alimentos y la forma de cocinarlos.

Un cambio tan importante como el de los hábitos de la conducta alimentaria, lleva su tiempo. No se puede pasar en unos pocos días del menú de la comida basura a una dieta variada, equilibrada y saludable que proporcione todos los micronutrientes, oligoelementos, vitaminas y fibra que necesitamos. Este es un proceso que se debe plantear a largo plazo y marcarse como objetivo pequeñas etapas.

¿Por dónde empezar ?

En la cacofonía dietética reinante, donde se siguen y contradicen las recomendaciones, es difícil de encontrar nuevos puntos de referencia. Para ayudarnos a navegar entre ellas la famosa pirámide de los alimentos se ha actualizado recientemente para adaptarse mejor a los últimos conocimientos. Fue diseñada con el fin de preservar o mejorar la salud y prevenir las enfermedades relacionadas con la alimentación.

Los alimentos han sido distribuidos de manera diferente, y por primera vez, la actividad física, otro garante de una buena salud y un peso corporal correcto, ha sido introducida. Las recomendaciones están dirigidas a los adultos en buen estado de salud. Otros grupos de edad y la población (niños, mujeres embarazadas , deportistas de élite, personas con ciertas enfermedades o vegetariano) tienen necesidades especiales y se deben hacer algunos ajustes a estos elementos básicos.

A lo largo del día:

En la base de la pirámide están las bebidas. El agua, tisanas, té, lo ideal sería beber 1 litro a 2 litros por día en forma de bebidas sin azúcar.

Cinco veces al día

En el segundo nivel están las frutas y verduras. Por obtener las suficientes vitaminas, minerales, oligoelementos y fibra, hay que consumir a diario tres porciones de verduras, incluyendo una forma cruda y dos de frutas (éstas mejor por la mañana). La mayoría de nosotros estamos lejos de esta recomendación y sólo hemos cubierto la mitad de las necesidades diarias.

¿Por qué no empezar con una porción adicional por día de frutas o verduras, mejor si son ecológicas para evitar sustancias tóxicas, y así acercarnos poco a poco a una situación más óptima?

También se trata de variar los colores para aumentar la ingesta de sustancias vitales y no se olvide de las hierbas aromáticas que dan sabor a los alimentos con sabores más neutros y que contienen virtudes medicinales. El zumo o un licuado de frutas o vegetales pueden reemplazar una porción de fruta o verdura, lo mejor es hacerlo en casa pero sino hay establecimientos como OBBIO que te los preparan al momento y si no puedes acceder a ellos y los compras preparados es vital comprobar que no contengan azucares o edulcorantes añadidos.

En cada comida

Los cereales completos, las legumbres y los tubérculos deben aparecer alternativamente en cada comida principal. Hidratos de carbono, fibra, proteínas, vitaminas y sales minerales cuando están completos los cereales los aportan. Para variar, puede reemplazar el arroz o la pasta, con la avena, la cebada, la quinoa, el trigo sarraceno, el centeno, el trigo, el kamut, la espelta, el amaranto o el mijo, entre otros cereales han abandonado nuestros platos.

En esta nueva pirámide, las legumbres se han unido al grupo de los cereales ya que se complementan. Cuando los asociamos con estos últimos, garbanzos, lentejas, azukis, y judías, entre otras, aportan proteínas vegetales y así constituyen una comida completa. Juntos, son esenciales para cualquier dieta vegetariana, ya que las legumbres reemplazan la carne.

Todos los días, proteínas vegetales (como el tofu, el seitan, etc) o animales (como el pescado, huevos, carne, y los productos lácteos), todos ellos fuente de proteínas que están desafortunadamente equiparados en un mismo nivel debido a que son intercambiables. Y por ello, se recomienda consumirlos alternativamente.

Todos los días con moderación

Los aceites vegetales, las materias grasas y los frutos oleaginosos desgraciadamente se encuentra en un nivel aparte. Para completar nuestras necesidades, de dos a tres cucharaditas por día de aceite vegetal obtenidos con presiones frías, así como una porción de frutos secos son necesarios.

Con moderación y para el placer

Esto se aplica a todos los pasteles, refrescos, patatas fritas y galletas saladas.

Comida diversión

Habiendo defendido dietas restrictivas, tristes y especialmente debido a la poca formación de los usuarios a menudo los cambios de dieta acababan en un fracaso porque generaban mucha frustración. Por eso ahora los nutricionistas han cambiado de tono. Ya no hay más que renunciar a un alimento en particular, pero comer de todo, es decir, de aprovechar todos los niveles de la pirámide y la diversificación dentro de cada grupo de alimentos.
La diversidad que ofrece la pirámide permite que cada uno tenga la suficiente flexibilidad para componer sus propios menús teniendo en cuenta sus preferencias, los aspectos religiosos o culturales y productos de temporada. Todo ello sin olvidar un concepto de suma importancia, el placer de comer. Desde OBBIO defendemos que el placer no se encuentra en el alimento sino en la forma de combinarlo y cocinarlo, y por lo tanto una dieta saludable no esta exenta de sabores, aromas y texturas.

Por lo tanto, comer mejor es variar la aportación de los elementos vitales, buscando en la increíble diversidad alimentos existentes. De este modo aumentamos nuestro bienestar mantenemos un peso corporal correcto y nos protegemos de una serie de enfermedades crónicas. Porque, por mucho que la medicina progrese, siempre es y será más fácil, cómodo y económico prevenir la enfermedad que curarla.

Desayunos diferentes

Nadie se prepara todos los días, exactamente el mismo plato para comer. Sin embargo por falta de tiempo, de imaginación o de costumbre, esto es exactamente lo que la mayoría de nosotros hacemos con el desayuno. Esta primera comida, que es la que debe ponernos en forma y prepararnos para afrontar el día y mejorar nuestro rendimiento mental, también puede ser diferente cada día. Disfruta de las frutas de temporada, descubre alimentos nuevos, prueba diferentes mueslis.

Verduras olvidadas: el retorno

Si en la variedad esta el gusto, descubre verduras olvidadas. Existen una gran variedad de productos de temporada como, el topinambur o alcachofa de Jerusalén, que esconde un delicioso sabor a alcachofa de ahí uno de sus nombres. Este tubérculo rústico, fácil de cultivar incluso en suelos pobres, fue parte de la dieta básica de la población europea en tiempos de hambre hasta el siglo XIX. Durante la Segunda Guerra Mundial, fue el topinambur quien permitió a los europeos no morir de hambre. Sin embargo, esta asociación a la hambruna, la destrucción y la pobreza casi lo hacen desaparecer, cuando posee múltiples beneficios.

En OBBIO no solo apostamos por la fruta y la verdura ecológica por lo que tenemos una amplia variedad de productos de temporada, sino que también queremos ayudar a nuestros clientes a descubrir nuevos sabores y texturas a través de la oferta de platos preparados y de nuestro menú diario. Asimismo fomentamos la divulgación de una alimentación saludable con nuestra librería y desde este blog donde podrás conocer las propiedades y virtudes de cada alimento.

Categorías: CONSEJOS OBBIO

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