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¿Quién decide mi salud?

Los genes que heredé, llevaron a mi abuelo a un ataque al corazón, a mi abuela a un Alzheimer, a mi padre a un cáncer de colon … ¿Estoy condenado a vivir las enfermedades que mis predecesores han inscrito en mis genes?

 

¿Nuestros genes reflejan nuestro destino o son modificables?

Una respuesta interesante nos la da la Epigenética, la ciencia que estudia los mecanismos que influyen en la expresión de nuestros genes. Efectivamente solo podemos alterar nuestros genes de forma muy modesta durante el transcurso de nuestras vidas, sin embargo, en cualquier momento, estamos en condiciones de influir en su expresión.

 

¿Cómo?

A través de nuestro estilo de vida y del medio ambiente en el que vivimos. A través de la epigenética, tenemos mucho más control de lo que pensamos sobre nuestros genes y nuestra salud. Las enfermedades llamadas “de la edad” como las enfermedades cardiovasculares, la artritis, el cáncer, la diabetes, lo que parecía ser un destino ineludible, en realidad se puede prevenir e invertir mediante la activación de nuestros genes buenos.

 

Todo lo que comemos, bebemos respiramos, hacemos y pensamos tiene un efecto en nuestros genes. Cambiando nuestro estilo de vida, actuamos sobre la expresión de nuestros genes. Esto significa que incluso si hemos heredado una predisposición a una enfermedad, debido a los antecedentes familiares, no necesariamente tenemos que desarrollar esa enfermedad. De hecho, podemos limitar la expresión de los genes que conducen a la enfermedad y promover la expresión de los que crean un campo desfavorable al desarrollo de la misma.

 

¡No somos prisioneros de nuestros genes, y en particular, de nuestros genes malos!

 

Tan sólo un 2% de nuestros genes no se pueden cambiar en absoluto. El resto dependerá de nuestra alimentación, nuestra actividad física, nuestras adicciones (tabaco, alcohol, azúcar), nuestro estrés, nuestro sueño y nuestra salud sexual. Elementos que llamamos “las prioridades de salud” y sobre los que tenemos el control total … siempre y cuando nos ocupemos de nuestra salud.

 

La buena noticia, es que las mejoras que aportemos a nuestra herencia genética durante nuestra vida, son transferibles. En otras palabras, nuestros hijos puedan heredar los genes mejor que nosotros mismos los recibimos. Una motivación adicional para cuidar de nuestros genes e investigar cómo mejorar su expresión.

Categorías: EL ABC

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