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LA ACTIVIDAD FISICA, LA DIETA DE NUESTRO CEREBRO

Hoy en día, la actividad física esta ampliamente reconocida como beneficiosa para nuestra mente. Algo que ya se había constatado en la antigüedad.

En el 65 AC, Marco Tulio Cicerón declaró que “sólo el ejercicio sostiene el espíritu y mantiene su fuerza.” Más recientemente, en la década de 1760, John Adams, segundo presidente de los Estados Unidos de América, afirmó que “el ejercicio físico tonifica y vigoriza todas las facultades de nuestro cuerpo y nuestro espíritu… El ejercicio proporciona alegría y satisfacción a nuestro espíritu y nos da todas las cualidades necesarias para todo tipo de actividad y todo tipo de placeres.”
Sin embargo, la actividad física no ha sido reconocida como beneficiosa por todo el mundo. Mark Twain, un gigante de la literatura del siglo XIX expresó desdén por el ejercicio irónicamente afirmando que “su única actividad física es llevar el féretro en el funeral de sus amigos que hicieron un montón de ejercicio.” Por último, el famoso industrial y padre de la industria del automóvil, Henry Ford dijo, a principios del siglo XX, “el ejercicio es una basura. Si usted está sano, usted no lo necesita, y si usted está enfermo, no debe hacerlo.”

Durante la última década, la investigación científica ha despejado las dudas existentes entre estos dos puntos de vista diferentes concluyendo que la actividad física protege y mejora nuestra función cerebral. Aumenta nuestra resistencia al estrés, nos protege contra la depresión, el deterioro cognitivo, pérdida de memoria y la demencia.

Depresión

El tratamiento tradicional de la depresión se basa en medicamentos antidepresivos y psicoterapia. Sin embargo, la investigación reciente se ha centrado en el papel potencial de la actividad física en el tratamiento de la depresión y su prevención. Un estudio realizado por la Universidad de Londres realizado sobre 4.323 personas y publicado en agosto de 2009, llegó a la conclusión de que la práctica de una actividad física de intensidad moderada disminuye en un 30% el riesgo de depresión, mientras que una actividad de alta intensidad reduce el riesgo 40 %.
Los investigadores plantearon la hipótesis de que la actividad física reduce el riesgo de depresión a través de diferentes mecanismos fisiológicos. Según Paluska, el efecto antidepresivo del ejercicio puede ser explicado por la activación de endorfinas en el cerebro, lo que equivale a las moléculas de morfina natural. Esta secreción disminuye el dolor y da una sensación de euforia y placer. El ejercicio también aumenta las concentraciones en sangre de los endocannabinoides, moléculas que reducen la sensación de dolor y afectan a los procesos cognitivos. Otra hipótesis sugiere que el ejercicio reduce la actividad cerebral en la corteza prefrontal, lo que afecta a las emociones y la cognición.

Los estudios han demostrado que la actividad física practicada principalmente durante el entretenimiento está fuertemente asociada con la reducción de la depresión. Estos resultados sugieren algunas explicaciones diferentes. La falta de alegría, el control percibido y la elección de las actividades físicas en áreas distintas de ocio (el trabajo, las actividades del hogar, transporte) sugieren la hipótesis de la “distracción”: la mejora del bienestar mental se puede explicar por el desvío de los pensamientos negativos y desagradables durante la actividad física. También se ha estudiado la “interacción social” para explicar el efecto protector de la actividad física durante el tiempo libre. De hecho, la práctica de la actividad física compartida es una fuente de relaciones sociales y de ayuda mutua.

Estrés

La exposición prolongada a las hormonas del estrés, tales como los corticosteroides, es perjudicial para la salud y la supervivencia de las neuronas, particularmente en el hipocampo de la exposición. En respuesta al estrés agudo y crónico, las neuronas sufren cambios morfológicos que tienen un impacto negativo en el cerebro. La investigación médica ha demostrado que el ejercicio ayuda a luchar contra los efectos fisiopatológicos del estrés en el cerebro.

Envejecimiento cerebral y deterioro cognitivo

Mantener la salud del cerebro a lo largo de la vida es un importante objetivo de salud pública. Es cada vez más evidente que el ejercicio físico puede ayudar a lograr esta meta, especialmente importante desde la edad adulta, cuando el cerebro se enfrenta a una serie de desafíos, como la lucha contra la aparición de enfermedades neurodegenerativas.

Los datos actuales sugieren que el ejercicio sería beneficioso para la salud del cerebro, para su buen funcionamiento, y también podría prevenir o retrasar el deterioro cognitivo y el desarrollo de la demencia en las poblaciones que envejecen.

Un estudio publicado en 2001 en la revista médica PNAS sugiere que los pacientes con enfermedad de Alzheimer eran menos activos cuando estaban en la cuarentena, en comparación con aquellos sin demencia. Más recientemente, un estudio publicado en 2007 en The Lancet Neurology ha demostrado que la actividad física durante el tiempo libre en la mitad de la vida se asocia con un menor riesgo de demencia y Alzheimer. Las personas que practican una actividad física por lo menos dos veces a la semana durante su tiempo libre tienen un riesgo de demencia un 50% menor en comparación con los individuos sedentarios. La combinación es algo mayor para la enfermedad de Alzheimer. Los individuos del grupo de los activos tenían un riesgo de la enfermedad de Alzheimer 60% menor en comparación con el grupo de los sedentarios.

Hay varias vías posibles por los que la actividad física puede proteger contra el deterioro cognitivo, la demencia y la enfermedad de Alzheimer. El efecto neuroprotector se podría explicar por el impacto beneficioso de la actividad física en varios factores de riesgo vascular (hipertensión, hipercolesterolemia, diabetes, sobrepeso) que contribuyen al desarrollo de la demencia y la enfermedad de Alzheimer. Estudios recientes también han demostrado que la actividad física induce la transcripción de varios genes y factores neurotróficos (factores de crecimiento de los nervios), que son esenciales para el mantenimiento de las funciones cognitivas. Por último, la actividad física puede incluso reducir la placa amiloide responsable de la enfermedad de Alzheimer.

En conclusión, la actividad física de intensidad moderada durante treinta minutos, cinco veces a la semana o una actividad física de alta intensidad durante veinte minutos, tres veces a la semana es una manera simple y efectiva para protegernos de enfermedades cognitivas y optimizar nuestro bienestar mental.

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